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EL LABERINTO DE LA SOLEDAD


El laberinto de la soledad
Isaías Peralta Vélez *

En este libro Octavio Paz nos va llevando por un laberinto en el cual, conforme vamos avanzando, se nos van revelando las distintas máscaras de México y de las y los mexicanos que son causa de nuestro hermetismo, pues el mexicano se aparece “como un ser que se encierra y se preserva: máscara el rostro, máscara la sonrisa” . Mientras va exponiendo cada una de estas máscaras a lo largo del laberinto, también va recorriendo la historia mexicana, dejando ver cómo y porqué está constituida nuestra sociedad, y nuestra soledad, de cierta manera en particular. Esto lo hace hasta llegar a la actualidad, en donde el laberinto en el cual se encuentran los mexicanos, se convierte, según él, en el de todos los hombres, pues todos seguimos un mismo fin.

Dicho laberinto empieza con un análisis de ciertos individuos que se hacen llamar los “pachucos”, los cuales “son bandas de jóvenes, generalmente de origen mexicano, que viven en las ciudades del sur [estadounidense] y que se singularizan tanto por su vestimenta como por su conducta y su lenguaje” . Estos jóvenes niegan tanto su nacionalidad cómo la nación en la que se encuentran, es decir, ellos no se hacen llamar ni mexicanos ni norteamericanos, sino simplemente son “pachucos”, los cuales se lanzan al exterior, “pero no para fundirse con lo que lo[s] rodea, sino para retarlo” , pues a partir de ciertas conductas, las cuales molestan a la sociedad en la cual se encuentran, buscan establecer una relación más viva con ésta.

Posteriormente, en este mismo capítulo, nos menciona que los mexicanos, cuando nos encontramos en otro país, “nos encerramos en nosotros mismos, hacemos más profunda y exacerbada la conciencia de todo lo que nos separa, nos aísla y nos distingue. Y nuestra soledad aumenta porque no buscamos a nuestros compatriotas, sea por temor a contemplarnos en ellos, sea por un penoso sentimiento defensivo de nuestra intimidad”. Cuestión muy importante, pero que, a mi parecer, en el presente ha cambiado de cierta manera y lo podemos observar en algunas movilizaciones realizadas en Estados Unidos en los últimos años por latinos que viven en ese país, ya sea en pro de mejoras laborales o, simplemente, para exigir que se les trate como seres humanos, por lo cual podemos observar que de cierta manera la soledad del mexicano no aumenta al estar allá, por lo menos cuando se empieza a establecer ―porque no dudo que en un principio si exista dicho aumento de la soledad―, pues en la actualidad está buscando a sus compatriotas, u otras personas que hablen el mismo idioma o que se encuentran en la misma situación de precariedad, para apoyarse mutuamente. Pero, por otro lado, la parte de encerrarnos en nosotros mismos cuando estamos fuera de México, con lo que hacemos más profunda y exacerbada la conciencia de todo lo que nos distingue y separa, creo sigue vigente. Esto lo planteo gracias a una platica que tuve recientemente con un tía que trabaja en los Estados Unidos, pues me decía que entre más tiempo pasa viviendo allá, se da cada vez más cuenta de las diferencias existentes entre mexicanos y norteamericanos, es decir, se va dando cuenta cada vez más, mientras va pasando el tiempo, de lo que nos distingue con respecto a “ellos”, a los norteamericanos.

Asimismo, en lo que resta de éste capítulo, nos habla acerca de éstas diferencias entre mexicanos y norteamericanos, las cuales se dan principalmente gracias a que en México imperaba, en esa época, un sistema más tradicional en todos los sentidos y en todas las partes componentes de la sociedad, en el cual, dependiendo de donde crecías, ya sea en la urbe o en la ciudad, se observaba de diferente manera la vida y el mundo, mientras que “el sistema norteamericano sólo [quería] ver la parte positiva de la realidad, [pues] desde la infancia se somete a hombres y mujeres a un inexorable proceso de adaptación; ciertos principios, contenidos en breves fórmulas, son repetidas sin cesar por la prensa, la radio, la iglesia, las escuelas y esos seres bondadosos y siniestros que son las madres y esposas norteamericanas, […] [lo cual] muestra hasta qué punto la intimidad puede ser devastada por la árida victoria de los principios sobre los instintos” . Esto podría ser cierto en el contexto en que se escribió este libro, a finales de los cincuenta, donde se podía observar ―como lo menciono anteriormente―una sociedad mexicana más tradicional, pero en la actualidad, creo, ya no es así, porque ahora se somete a los mexicanos a ese mismo sistema de educación en donde nada más se observa la parte positiva de la realidad ―y de la historia―, la cual se repite sin cesar en todos los círculos sociales en los que se desenvuelve el mexicano: la familia, los amigos, la iglesia, la escuela, etc. Esto sin olvidar a los medios de comunicación, los cuales se encargan de reafirmar, o recrear, solamente toda esa parte positiva de lo que fuimos y de lo que somos, dejando de lado la realidad en su conjunto, la cual también está compuesta de partes negativas, que de hecho son las imperantes en la actualidad.

Por otra parte, México, nos dice, es un pueblo ritual, pues festejamos casi por cualquier cosa, “cualquier pretexto es bueno para irrumpir la marcha del tiempo y celebrar con festejos y ceremonias hombres y acontecimientos” , por ejemplo, cuando se festeja al santo patrono de cada pueblo o cuando festejamos el 15 de Septiembre ―fiesta nacional―, mejor conocida como el día del grito, en donde “una multitud enardecida efectivamente grita por espacio de una hora, quizá para callar mejor el resto del año” . En éstas fiestas podemos encontrar, según explica Paz, realmente un aspecto de comunidad, de vida, en donde todos los integrantes de la colonia o del pueblo se reúnen para festejar, bailar, embriagarse y hasta pelear, cuestión que no se ve en otras masas modernas, ya que éstas “son aglomeraciones de solitarios, [pues] en las grandes ocasiones, en París o en Nueva York, cuando el público se congrega en plazas o estadios, es notable la ausencia del pueblo: se ven parejas y grupos, nunca una comunidad viva en donde la persona humana se disuelve y rescata simultáneamente”.

En todas estas fiestas el mexicano se abre al exterior. “Todas ellas le dan ocasión para revelarse y dialogar con la divinidad, la patria, los amigos o los parientes. Durante esos días el silencioso mexicano […] Descarga su alma, […] quiere sobrepasarse, saltar el muro de soledad que el resto el año lo incomunica. […] Y esa fiesta, cruzada por relámpagos y delirios, es como el revés brillante de nuestro silencio y apatía, de nuestra reserva y hosquedad” . Esto quiere decir que el mexicano en las fiestas deja de lado su hermetismo para abrirse al exterior, a los demás, para integrarlos a su ser, pero también busca salir de sí mismo, sobrepasarse, dejar de lado la soledad y el silencio en el cual vive el resto del año. Asimismo, sin las fiestas estallaríamos, pues son la otra cara del mexicano, el revés brillante de nuestra apatía cotidiana, en donde ―en ciertas fiestas―, todo se permite, desaparece la noción misma del orden. Por ello, “a través de la fiesta la sociedad se libera de las normas que se ha impuesto. Se burla de sus dioses, de sus principios y de sus leyes: se niega sí misma […] La estructura social se deshace y se crean nuevas formas de relación, reglas inesperadas, jerarquías caprichosas”.

Más adelante, Paz nos habla un poco acerca la muerte, la cual, nos dice, para los mexicanos es estéril, es decir, no engendra nada, a diferencia de la de los aztecas, los cuales decían que tanto la muerte como la vida eran parte de un ciclo infinito, o como la de los cristianos, la cual engendra la vida después de la muerte. Por ello el mexicano frecuenta a la muerte, “la burla, la acaricia, duerme con ella, la festeja, es uno de sus juguetes favoritos […] Cierto, en su actitud hay quizá tanto miedo como en la de otros; más al menos no se esconde ni la esconde; la contempla cara a cara con impaciencia, desdén o ironía; si me han de matar mañana, que me maten de una vez” . Sin embargo, según nos menciona Paz, no hay algo más opuesto a ésta actitud hacia la muerte que “la de los europeos y norteamericanos, [en donde] leyes, moral pública y privada, tienden a preservar la vida humana”. Éste último punto es de suma importancia, pues en la actualidad podemos observar que la actitud de los mexicanos hacia la muerte ha cambiado, ya que, aunque la seguimos festejando ―y a veces algunos todavía jugamos con ella y la acariciamos―, cada vez nuestra actitud hacia ella es más parecida a la actitud de los europeos o norteamericanos, en donde la muerte se ha convirtiendo en esa palabra “que jamás se pronuncia porque quema los labios” . Esto es debido a la modernización occidental que penetra nuestra sociedad con todo y su cultura, sus leyes y su moral pública; elementos que hemos absorbido en las últimas décadas con una intensidad, creo, sólo vista durante la colonización, porque ahora todos seguimos la razón ―el problema es que ésta es su razón, la cual se nos impone sin consulta alguna―.

Más adelante, cambiando un poco de tema, el autor hace un análisis de lo que representa ser hijos de la Malinche, lo cual, nos dice, significa ser hijos de la chingada, de una madre violada, porque la violada es la chingada, es aquella mujer a la que se chingan los machos, a la que violan, a la que se posee sin su previa aceptación. Por ello, Paz nos menciona lo siguiente; “si la chingada es una representación de la medre violada, no me parecer forzado asociarla a la conquista, que fue también una violación, no solamente en el sentido histórico, sino en la carne misma de la indias. El símbolo de la entrega es doña Malinche, la amante de Cortés” , uno de los conquistadores de América. Entonces podemos observar con ésta analogía que todo mexicano es un hijo de la chingada, pues los conquistadores violaron a las indias americanas, madres de nuestros antepasados, así como violaron nuestro territorio, cultura y tradiciones, penetrando a los aztecas ideológicamente, imponiéndoles su cultura, siempre con mano dura. Por ello el mexicano “rompe sus ligas con el pasado, reniega de su origen y se adentra sólo en la vida histórica […] [Y] no quieres ser ni indio ni español. Tampoco quiere descender de ellos. Los niega. Y no se afirma en tanto que mestizo, sino como abstracción: es un hombre. Se vuelve hijo de la nada. Él empieza en sí mismo” , no hay nada que le anteceda. Por lo tanto, podemos observar asombrados que un país con un pasado tan vivo, sólo se conciba como negación de su origen. De esta manera, la historia nos puede “mostrar ahora cómo se realizó la ruptura y cuáles han sido nuestras tentativas para trascender la soledad” .

Ahora, siguiendo por los senderos de este laberinto lleno de historia y rico en conocimientos, nos encontramos con la conquista y la colonia, en donde Paz hace un análisis del contexto previo a la conquista y, en seguida, de la sociedad colonial como tal, en el cual nos empieza diciendo que antes de la llegada de los españoles existían ya en México civilizaciones complejas y refinadas, en donde sorprende la pluralidad de ciudades y culturas, con la relativa homogeneidad de sus rasgos más característicos, lo cual muestra que existían formas religiosas y políticas uniformes impuestas por una cultura dominante, la cual, en el caso mexicano, fue la Azteca, ya que es notable la “influencia de las culturas de la Mesa Central, [en donde predominaban los Aztecas] en el sur, especialmente en el área ocupada por el llamado segundo imperio maya […] [por lo tanto] todo parece indicar, pues, que en cierto momento las formas culturales del centro de México terminaron por extenderse y predominar” . Y, a consecuencia de esto, “la llegada de los españoles parece una liberación a los pueblos sometidos por los Aztecas. Los diversos estados-ciudades se alían a los conquistadores o contemplan con indiferencia, cuando no con alegría, la caída […] de Tenochtitlán” , sin saber que cuando éste imperio cae, como fichas de domino empiezan a caer una por una todas las culturas mesoamericanas en manos de los españoles. Por ello, posteriormente el autor llega a la conclusión de que entonces México nace de “una doble violencia imperial y unitaria: la de los aztecas y la de los españoles” .

Después de la conquista, nos dice que la sociedad colonial creada fue un orden hecho para durar, un mundo cerrado al exterior así como al futuro, el cual, a la vez, fue hecho con la herencia de los españoles heterodoxos, así como un “orden impuesto de arriba hacia abajo; sus formas sociales, económicas, jurídicas y religiosas eran inmutables. Sociedad regida por el derecho divino y el absolutismo monárquico […] destinada a durar pero no a transformarse” , la cual integró a los indígenas a la religión, y, con ello, al orden social por medio del bautismo, pero siempre por debajo de los colonos. Con esto podemos observar que la colonia era un “mundo abierto a la participación y, por lo tanto, orden cultural vivo, sí, pero implacablemente cerrado a toda expresión personal, a toda aventura. Mundo cerrado al futuro” .

De la conquista y la colonia, pasemos ahora a la independencia y la revolución. Por su parte, la independencia no es un movimiento de masas, por lo menos en un principio. Está determinado por las circunstancias locales e iniciado por criollos principalmente, los cuales no se proponían cambiar la estructura social de las colonias, puesto que ellos exigían solamente algún reconocimiento social en la Nueva España. Es decir, “no intentaban cambiar un estado de cosas por otro sino, diferencia radical, crear una nueva nación” .Por lo tanto, con la independencia lo único que se hace es cortar los lazos políticos que nos unían a España, pues se da una prolongación del sistema feudal-colonial que existía previo a ésta. Por ésta razón, es por lo que, cincuenta años más tarde, se da la reforma, movimiento liberal el cual “niega que la nación mexicana en tanto que proyecto histórico, continúe la tradición colonial […] El Estado mexicano proclama una concepción universal y abstracta del hombre” , con lo que se eliminan las castas, pues ahora todos somos simplemente hombres, así como se niega el pasado prehispánico. Por ello, según Paz, “la reforma es la gran ruptura con la madre” , pues funda a México negando su pasado. Rechaza la tradición y busca justificarse en el futuro. Además, la venta de los bienes de la iglesia y la desaparición de la propiedad comunal indígena acentuaron el carácter feudal de nuestro país, por esto la nueva República se encontró pronto sin base social.

“Al romper los lazos con el pasado, los rompe también con la sociedad mexicana” e impone ideas que no concuerdan con esa realidad mexicana del momento, pues son ideales principalmente europeos y norteamericanos, los cuales provocan una ceguera ante nuestra realidad. Por estas razones, así como por una dictadura de más de treinta años por parte de Porfirio Díaz la cual hizo que se acrecentaran las diferencias entre los mexicanos que poseían todo y los que nada poseían, años más tarde, se empieza a gestar el movimiento revolucionario, el cual, en un principio, tenía ideales que eran predominantemente políticos. “Se pensaba que el ejercicio de los derechos democráticos haría posible un cambio de métodos y personas” . Éste movimiento es liderado por una creciente clase media y seguido por una naciente clase obrera, así como por campesinos los cuales tenían una larga tradición de lucha. Se distingue esencialmente por una carencia de un sistema ideológico previo y por un hambre de tierras. “La revolución es una súbita inmersión de México en su propio ser […] es una búsqueda de nosotros mismos y un regreso a la madre […] es la otra cara de México, ignorada por la reforma y humillada por la dictadura […] Es un estallido de la realidad: una revuelta y una comunión, un trasegar viejas sustancias dormidas, un salir al aire muchas ferocidades, muchas ternuras y muchas finuras ocultadas por el miedo a ser. ¿Y con quién comulga México en esta sangrienta fiesta? Consigo mismo, con su propio ser. México se atreve a ser.” Pues redescubre, en lugar de negarlo, su pasado y así es como comulga consigo mismo gracias a la revolución.

Así, llegando al final del laberinto, nos dice que éste, en la actualidad, es el laberinto mismo en el cual van caminando todos los hombres del planeta, “porque la historia universal es ya una tarea común” , cuestión con la cual no estoy muy de acuerdo, pues creo que la historia universal siempre, o por lo menos desde que existe el sistema mundo capitalista, ha sido tarea común y no sólo en la actualidad, pues aceptar esto último sería dejar de lado que la lucha de clases siempre ha existido en el sistema capitalista, sería observar al resto del mundo tradicional o no capitalista en sus inicios, como inactivo en la constitución del mundo. Aunque Paz nos lo menciona así porque, según él, después de la revolución México empieza a reconstruir y hacer su historia retomando cosas del pasado que se habían difuminado de la memoria de los independentistas y reformistas en el siglo XIX, para lo cual empieza a pensar cómo constituirse en un contexto mundial con ciertas características en donde ya se observa a sí mismo como un actor participativo en la historia universal.

A manera de conclusión puedo decir que éste es un libro muy interesante para saber de buena tinta cómo fue que se construyó el México contemporáneo, así como para conocer otros extremos sobre el ser humano mismo. Aunque, a mi parecer, el análisis con respecto a la modernidad no llega a permear del todo nuestro presente, puesto que en la sociedad mexicana hay varias cosas que en la actualidad ya no son como las narra Paz ―cuestiones que toque arriba en este ensayo―, a pesar de esto, es un análisis único sobre la sociedad mexicana gracias a su profundidad y calidad, así como a que nos muestra, revisando la historia, cómo y porqué somos lo que somos.

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*Nota: Pido una disculpa al lector ya que por alguna extraña razón no pude subir las citas correspondientes a las comillas que se encuentran a lo largo del presente ensayo; por su comprensión, gracias

el laberinto de la soledad

Esta es una de las obras más importantes en la literatura que más se acercan a la descripción que tiene el mexicano, el uso de metáforas y el juego de palabras que se conjugan en el libro le da un toque especia pasando por toda la historia de l mexicano, cada peculiaridad que lo hace cobrar esa identidad y el sentido que tiene el mexicano de la vida, su cultura robada y la implantación de culturas ajenas han hecho que el mexicano sea como un híbrido cultural,   negándose así mismo para poder afirmar su existencia, esa comparación que se hace siempre con los demás reflejándose siempre como inferiores con esa herida abierta que se tiene hacia los gringos como los llamamos nosotros con el afán de resaltar nuestros defectos al mismo tiempo que resaltamos los de ellos, y en nuestro afán de ser inferiores nos consideramos nada, estando siempre presentes, la busque da por la identidad lo ha llevado por caminos impredecibles, los festejos son uno de ellos, las fiestas para el mexicano son el mejor ungüento para la sus almas solas, grita, baila y se siente mexicano recordando y rascando la yaga que han dejado al mexicano extraviado.

“El mexicano no quiere o no se atreve a ser el mismo” por que se ha perdido, por que las raíces de lo que fueron nuestros antepasados se perdieron con la llegada de los españoles y el dios que se venera en la actualidad un dios que se ha encargado de suprimir el verdadero origen de mexicano y de su cultura, paseándose en el tiempo y analizando su historia de un ir y venir de personajes que lejos de rescatar lo poco que aún quedaba de México lo han enterrado.

Para ser un poco más breve Octavio Paz hace un recuento de lo que el mexicano representa para el propio mexicano que ha tenido que adoptan nuevas y extrañas formas para poder reinventarse en su laberinto de soledad.

Jessica Angeles 


LABERINTO DE LA SOLEDAD.

El laberinto de la soledad de Octavio Paz nos plantea la visión del mexicano, la forma de ser de este y sus visiones en diferentes ocasiones.
En su obra el busca reflejarnos los orígenes y las causas de la conducta de los mexicanos ya sea individualmente o colectivamente, al igual que su visión de enfrentarse a l mundo; es dar una visión de la identidad para los mexicanos, así sabremos quienes somos.
Considero que para él los eventos históricos de México tienen una influencia significativa en las impresiones de soledad e inferioridad que el mexicano tiene.
Uno de los temas que más me gusto fue el de las festividades y como el mexicano las lleva acabo, como en el país se cuentan con muchas festividades tanto de ámbito religioso o de ámbito social, claro ejemplo de esta situación se puede observar cuando celebran al -ni ñopa-, es un santito de Xochimilco, sus fiestas son en grande al igual que la de muchos otros santos.
Y no hay que olvidar como celebran el día de muertos, para el mexicano esta fecha es muy importante, ya que veneran a sus muertitos, esta fecha me gusta en lo personal mucho, porque es donde más se puede observar la mezcla de las culturas, porque siguen teniendo sus raíces indígenas o de sus antepasados, pero también está presente la religión en estos casos la católica.
Ciento que este libro en cierta manera da el reflejo de esto, las raíces del mexicano, como van cambiando, además del análisis que realiza de su historia, para que este mismo no se pierda y sepa quién es.
”La ignorancia de la Historia de México, el negarla, el asociarla con una historia de fracasos, de violaciones, de derrotas y de proyectos fallidos hace que el mexicano se pierda en un laberinto de soledad. Para superar este trauma y esta crisis de identidad no se debe copiar otras culturas, pues el sentimiento de inferioridad será evidente para el resto del mundo y también arrancará las raíces y matará a la herencia mexicana.” Paz
Siento que debemos conocer y comprender nuestra historia para entender el presente, y poder definir nuestra identidad. 

                                             Stephani Noemi Reza Gonzalez.

LABERINTO DE LA SOLEDAD.

OCTAVIO PAZ.

Una de las cosas que más me llamo la atención fue la tan bien descrita forma de ser del mexicano, se trata de dar a conocer el porqué de su comportamiento sobre todo en los Estados Unidos con el denominado “pachuco” sin duda alguna este personaje como bien lo llega a mencionar Octavio Paz en el comienzo del libro, es algo casi caricaturesco, un ser con ideología propia pero principalmente influenciada por varios criterios.

El pachuco muestra ese lado surrealista muy característico de la sociedad Mexicana, pero también se deja ver con algo grotesco, este surrealismo del que hablo invade no solamente a las personas, sino a todo el país, las calles, las casas, las familias, el campo, en fin tantas imágenes que se nos presentan diariamente que podrían formar parte de esa descripción dada por Octavio Paz.

Las influencias de las que hablaba en un inicio son aquellas que le darán identidad al pachuco, como es el caso de Estados unidos principalmente, la religión y la conquista dentro de esta podría estar la historia con la cual hemos vivido toda la vida y la cual nos enseñaron de pequeños. En estas influencias podemos encontrar el porqué el pachuco, niega y al mismo tiempo exalta su nacionalidad, sus raíces, sus tradiciones, costumbres y forma de ser. En esta parte lo más importante serian sus fiestas y el festejo que realiza por cualquier cosa, ya sea por felicidad/ tristeza, siendo este el caso del famoso día de muertos y orgullo/vergüenza con el 15 de septiembre.

Entonces la identidad del Mexicano para mí es como algo confuso, la eleva cuando es el momento y se siente orgulloso de ella, nace su nacionalismo y grita Viva México a todo pulmón, pero cuando se siente menos se apena de sus raíces, de lo que llego a ser a través del tiempo. Sin embargo hay algo que es intocable para el mexicano y que pase lo que pase siempre estará en un altar, en ese lugar intocable y del cual podría decir es lo más preciado: las tradiciones.

 
GUADALUPE MUÑIZ CASTRO.

El laberinto de la soledad

El laberinto de la soledad 
"La indiferencia del mexicano ante la muerte se nutre de su indiferencia ante la vida."
Octavio Paz

 Berenice Peña M.


La identidad de un mexicano buscando refugio, renegando así mismo su ser, eso es  lo que cuenta Paz en el primer capitulo, comenzando con los pachucos. muchos ocultándose en la soledad y vistiéndose como pachuco y la  mayoría eran jóvenes , cuenta que en Estados Unidos estos jóvenes aunque trataran de imitar  avergonzándose de si mismos y su origen imitando  otros jamás parecerán norteamericanos auténticos , el ser pachuco es un ser que se disfraza par ano volver a su origen mexicano y mezclarse en la vida norteamericana.
El mexicano tiene diferentes variantes en el lenguaje y demás facetas del mexicano, el albur es el mejor ejemplo que dice Paz es ingenioso que alude  a algo sexual que agreden y retan.
La mujer mexicana es una mujer fuerte, recata, sumisa Sin embargo, también se está consiente de que la mujer, la tierra, representa la continuidad de la especie, el orden, y la dulzura. Tantos refranes, canciones donde hablan de desilusiones amorosas donde el alcohol es la única solución para el hombre mexicano, recordando todas sus miserias de lo que fuimos y lo que queremos ser.
Las fiestas forman parte de nosotros los mexicanos, cualquier cosa es buena para unirse y reencontrarse con el tiempo.  En todos los rincones de México existen sus Ferias y tradiciones, aún en los más miserables. Algunas personas llegan a “creer el dinero llama dinero”. Lo importante es que el mexicano se libera de todos los prejuicios y morales y comienza a ser mexicano. Los festejos que más llama la atención es 2 de noviembre, los indígenas creían que la vida se continuaba con la muerte, “la vida no tenia función mas salta que desembocar en la muerte, su contrario y complemento; y la muerte, a su vez no era el fin en si; el hombre alimentaba con su muerte la  voracidad de la vida, siempre insatisfecha” [1], la vida misma se alimentaba de la muerte. Existe una leyenda del mexicano  por lo hermético que llega a ser a ser, cerrado el culto a la muerte desconcierta al extranjero.  Un misterio mexicano es la mujer que es una figura que encierra tantos secretos s un enigma en algunas culturas de la creación llega a ser también la destrucción, como la malinche en la conquista. Un mexicano es un problema siempre, para otro mexicano la situación del pueblo durante el periodo colonial seria la razón de nuestra actitud cerrada. La violencia, abuso de autoridad es un vivió que aun no ha desaparecido. Aun existen fantasmas de la conquista .Los mexicanos tienen palabras secretas -¡viva México, hijos de la chingada!, para el mexicano la palabra chingada tienen diferente significados y esta lleno de di versos sentimientos como enojo, alegría, altanería y mas. La Chingada, es la mujer abierta, violada, es el resultado del conquistador, penetrando por la fuerza a la mujer indígena. Octavio Paz en su obra me hizo reflexionar sobre el ser mexicana y todos los misterios encerrados y enigmáticos secretos de esta tierra.   





[1] Paz, Octavio “el laberinto de la soledad”, Mexico FCE, pp 59 

EL LABERINTO DE LA SOLEDAD

EL LABERINTO DE LA SOLEDAD



OCTAVIO PAZ


PRISCILA ROSAS HERRERA
Octavio paz en su ensayo El laberinto de la soledad describe magníficamente la forma de ser de los mexicanos, su sentimiento de soledad que los hace cerrarse a la vida, su actitud machista y el miedo a ser descubiertos en sus mas íntimo sentir, los mexicanos se cierran ante la posibilidad de darse a conocer a los demás, el mostrarse tal cual, es una manera de mostrarse desnudo ante el mundo, el mexicano no permite que se le conozca mas que en las fiestas donde expresa todo lo que lleva dentro, con el alcohol, los gritos, la convivencia, puede sacar todo lo que guarda a diario, en las fiestas se descubre.

Pero algo que llamó mi atención fue el análisis que se hace de la indiferencia ante la vida que se refleja en la indiferencia a la muerte, los mexicanos se burlan de la muerte, juegan con ella, comen figuras que la representan, para otros como los norteamericanos, la muerte es algo que jamás se menciona, en cambio para los mexicanos es totalmente distinta su actitud de burla y desdén hacia la muerte, Octavio Paz nos dice que este desdén de la muerte sólo descubre la indiferencia hacia la vida, considero que para los mexicanos ese desdén significa que no hay diferencia entre morir y vivir, pues la vida de miserias, ultrajes, robos, desprecio ante el pueblo hace que los mexicanos no le vean ningún sentido a la vida; vivir una vida desolada sin ningún futuro mas que seguir viviendo la imposibilidad de tener una mejor calidad de vida, el desprecio por la vida no se da porque si, años de sometimiento han hecho crecer esta indiferencia.

La conquista española trajo consigo cambios en la vida de los habitantes, se comenzó un desprecio hacia lo prehispánico, nuestras costumbres actuales son una combinación de ambas culturas, pero nuestras raíces se olvidan, o mas bien tratan de negarse, es esa contradicción la que hace al mexicano padecer ese sentimiento de soledad, pues no sabe de donde viene, trata de adoptar nuevos pensamientos (como los pachucos), y niega su verdadero preceder, el sufrimiento causado por la conquista donde las costumbres, la ideología, su religión, fueron prácticamente exterminadas, ese desventura aun sigue presente a manera de soledad en los pensamientos de los mexicanos.

La mezcla de costumbres, los nombres de lugares u objetos llamados con una lengua prehispánica dan muestra de nuestro pasado, un pasado que ha pesar de ser negado, no se ha podido desaparecer del todo, los sitios arqueológicos también son una ejemplo de la gran cultura de la que provenimos, sólo que ahora se toma como algo turístico, esos sitios ya no son lugares de veneración a los dioses, el sometimiento de siglos, sigue vigente en nosotros, dejó una inmensa marca que es difícil borrar.

Para ponerle fin a ese sentimiento de soledad que no nos deja ser, es necesario volver y reconocer en el presente a nuestro pasado, pero no el pasado de sometimiento en la conquista, sino el pasado prehispánico que nos engendro, el revivir de la cultura, del amor a la vida, a la naturaleza, de la valentía, volver a ser una sociedad profunda en sus sentimientos y en su pensar, una sociedad que no se avergüence de sus raíces, que las reconozca y las reviva, que no adopte mas formas que la globalización impone, que sea nuestro pasado que se presenta como en el nombre de nuestros volcanes, el que nos haga ver que no somos seres inferiores y serviles, que somos una cultura tan llena de significados, que no debemos postrarnos ante los embates de la enajenación.

El laberinto de la soledad

Lo otro no existe: tal es la fe racional, la incurable creencia de la razón humana. Identidad = realidad, como si, a fin de cuentas, todo hubiera de ser uno y lo mismo. Pero lo otro no se deja eliminar; subsiste, persiste; es el hueso duro de roer en que la razón se deja los dientes. Abel Martín, con fe poética, no menos humana que la fe racional, creía en lo otro, en “La esencial Heterogeneidad del ser”, como si dijéramos en la incurable otredad que padece lo uno.(1)



2010: año del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución mexicana. En los últimos años el discurso oficial se ha encargado de persuadir a la mayor parte de los “mexicanos”, les dice que hay que celebrar porque gracias a esas dos luchas y a esos dos momentos tenemos el México de hoy; es decir tenemos patria, nacionalidad, un pasado “común”. Esta forma de venerar a los héroes y a los acontecimientos genera máscaras. Entonces: “El mexicano no sólo no se abre; tampoco se derrama” (2).

Ante tal escenario, resulta oportuno dirigir esta reflexión al proceso que dio inicio hace más de 200 años con la Independencia de México, la cual no puede ser vista como un acontecimiento aislado, será necesario incluir la noción de lo que significó la conquista y la época colonial. Será de igual importancia tener presente el proceso que se desenvuelve entre la Independencia y la Revolución mexicana, el cual se ve atravesado por la llamada época de Reforma. Así, una vez desmembrado tal proceso e intentado escalar en el asunto de construcción del conocimiento encontrar el significado de este proceso, para de algún modo dar respuesta al presente; no solo a partir del pasado sino del propio presente. Si tenemos en cuenta lo anterior estaremos en posibilidad de generar algún cambio favorable en nuestro entorno, pues el hombre como lo ha comprobado paradójicamente la historia: no solo hace historia, sino que es la historia.

Si se pretende que la época colonial en México fue la simple adopción de Formas europeas, tales como el renacimiento en el arte, o la forma de organización social que imperaba en el siglo XVI en España de tipo medieval, se estará incurriendo en un grave error. Pues los “aventureros españoles”, no llegaron y se instalaron en un territorio desierto, inhabitado; se trató del enfrentamiento entre dos concepciones del mundo, la idea de la divinidad era sustancialmente diferente; mientras que en el territorio mexicano existían múltiples dioses y deidades, en la cultura occidental, la figura divina era la de Cristo, “el hijo de Dios”, la virgen o madre, que gran influencia tuvo en la identificación de los indígenas cuando la muerte de dioses y jefes tras la llegada de los españoles, y que junto con todos los santos, sirvieron de intento para suplir la divinidad originaria. Así mismo la concepción de la muerte adquiría un sentido divino, pues la sangre representaba vida para los mexicanos. Para el occidente era el fin de la vida, y la muerte era entendida como la entrada al paraíso. La muerte para los primeros adquiría un significado colectivo, mientras que para los segundos un sentido individual; quizá esto último sea la diferencia cultural más significativa.

Sobre esta diferencia es que se edifica la nueva sociedad: la sociedad colonial, fundada en una relación asimétrica donde la religiosidad de occidente se mezcla con la mexicana, aunque de forma violenta. Cabe mencionar que a la llegada de los españoles no existía una sola cultura en el territorio mexicano; aunque el imperio más poderoso era el azteca ubicado en el centro, las culturas precolombinas coincidían en el sentido colectivo de la vida.

Es importante lo anterior dado que la actividad central de la nueva sociedad es la religión. “La determinación de las notas más salientes de la religiosidad colonial nos mostrará el sentido de nuestra cultura y el origen de muchos de nuestros conflictos posteriores”(3).

La llegada de los españoles significó para el pueblo indígena la huida de los dioses y la muerte de los jefes, dejándolo en una soledad que solo el catolicismo pudo eliminar, reanudando sus lazos con el mundo y el trasmundo, es decir, devuelve al indígena el sentido de su presencia en la tierra, justificando su vida y su muerte.

Esto no significó que los vencidos aceptaran pasivos a la nueva religión, lo esencial en palabras de Paz era que sus relaciones sociales, humanas y religiosas con el mundo circundante y con lo Sagrado se habían restablecido. Mientras de este lado del mundo se afianzaba la religiosidad católica, en Europa sufría una decadencia el poder eclesiástico, esto explica que los nativos de Hispanoamérica no tuvieran posibilidad de expresar su singularidad. El catolicismo hispanoamericano no se construye desde la región, sino que la especulación religiosa ya estaba hecha y se trataba sobre todo de vivirla(4).

Esta forma del mundo nuevo en apariencia era un mundo abierto a la participación, un orden cultural vivo, pero inexorablemente cerrado a toda expresión personal. Mundo cerrado al futuro, la sociedad nueva no se construye por la antigua multiplicidad de la vida. No se pretende continuar con la efectiva categoría del Nuevo Mundo, si éste es entendido, como un mundo diferente al de Occidente. En un principio la sociedad que descubren los españoles, es en esencia un nuevo mundo, un mundo diferente, al que se le impone la universalidad de lo racional, y sobre la cual se ha construido la sociedad mexicana hasta la actualidad, dando paso en el siglo XIX a una ruptura: la intención de crear nuevos lazos con otra tradición, no menos universal que la que ofreció la Iglesia católica: la del racionalismo europeo. En realidad la ruptura no se materializa ya que es la respuesta al orden que en esa época se construye en Europa.

De tal modo que el siglo XIX se ve atravesado por un proceso complejo, que responde a la formación política de lo que se conoce como Estado nacional. Es en esta lógica que se desenvuelve la lucha por la Independencia de México y que a continuación se analiza.

Dicha guerra, tiene lugar durante la primera mitad del siglo. Es la expresión por definir una identidad de quienes habitan el territorio “nacional”, para de algún modo construir una sociedad nueva. “…la lucha por la Independencia tendía a liberar a los “criollos” de la momificada burocracia peninsular aunque, en realidad, no se proponía cambiar la estructura social de las colonias”(5).

En la imagen del dictador hispanoamericano, aparece en embrión, la del libertador americano. Resulta que la segunda figura, la del “libertador” pone el énfasis en el valor de la libertad, propio del mundo burgués. Resulta interesante hacer notar que cada una de las nuevas naciones tuvo, al otro día de su independencia, una constitución más o menos liberal y democrática, que en Hispanoamérica solo servían para vestir a la moderna las supervivencias del sistema colonial. Se trató básicamente de un cambio de estafeta entre élites, dado que la ideología liberal y democrática oculta nuestra situación histórica concreta: “la mentira política se instaló en nuestros pueblos casi constitucionalmente” (6).

La relación de dependencia no fue eliminada, sino reforzada bajo otro orden, el orden industrial que se desarrollaba en Europa y Estados Unidos. Se trata por lo tanto, de una mentira el acontecimiento de la Independencia. A modo de paráfrasis decimos que la lucha contra la mentira oficial y constitucional sea el primer paso de toda tentativa seria de reforma.

Si bien es cierto como ya se mencionó que la llamada Independencia no cambio estructuralmente la forma de organización social, actualmente se experimentan la vieja herencia española, al tiempo que la incorporación de nuevas fuerzas políticas que junto con la figura de los jefes de cada nación se encuentran aliados a un poder incomparable: los grandes intereses del capitalismo extranjero.

En México, la guerra de Independencia debe ser comprendida como una lucha de clases, pues representa una revolución agraria en gestación. Recordemos que las demandas, y la lucha iba dirigida desde el pueblo contra la aristocracia local, por ello las reformas sociales que pretendía el movimiento eran: la abolición de la esclavitud (Hidalgo), y el reparto de latifundios (Morelos). Tales demandas fueron combatidas mediante la alianza entre el Ejército, la Iglesia y los grandes propietarios con la Corona Española. Sin embargo se presenta una coyuntura en España, en el momento en que se transforma la monarquía absoluta en constitucional, por lo que las fuerzas dominantes internas antes mencionadas buscan la alianza con los restos de los insurgentes y consuman la Independencia.

Aún cuando los grupos dominantes consuman la lucha de independencia, en términos contrarios a los que el pueblo aspiraba, los liberales intentan consumar la ruptura con la tradición colonial. Sin embargo su interés no esta dirigido a cambiar el orden de cosas en la realidad, sino en el puro ámbito legislativo, por medio de expedición de leyes que solo enmascaran la propia realidad.

Esta mutación en el movimiento independentista de México esta dirigida a la creación de una nueva clase social: la burguesía. Sin embargo las condiciones aún no están dadas para la parición de esta nueva clase hasta el momento de la Reforma liberal que se consuma en 1857, al decretar las leyes de Reforma, que irán creando las condiciones de formación de esta “nueva clase social”, que en realidad no resulta novedosa, pues ya ha aparecido en Europa producto de la ruptura con el antiguo régimen e inspirado por la Revolución francesa que pondrá el énfasis en el derecho individual.

¨La Reforma consuma la Independencia y le otorga su verdadera significación, pues plantea el examen de las bases mismas de la sociedad mexicana y de los supuestos históricos y filosóficos en que se apoyaba”(7) . El producto de dicho examen concluye a decir de Paz en una triple negación: la de la herencia española, la del pasado indígena y la del catolicismo. En este sentido, las leyes de Reforma promueven la destrucción de las asociaciones religiosas y la propiedad comunal indígena. Todo ha de ser resuelto por la razón. Se negaba una herencia, un pasado, para construir una nueva realidad: basada en la libertad de la persona humana.

Si se analiza detenidamente puede verse que tanto el catolicismo colonial como la Reforma, es un movimiento inspirado en una filosofía universal. Ambos son proyectos que vienen de fuera que no se construyen en el interior, que carecen de la participación popular, que se impone por una oligarquía, en resumidas cuentas, niegan un pasado, una historia antes de la historia.

Estos dos proyectos también implican una diferencia sustancial: mientras que el primero es una religión cuya función es de consuelo, y de dar sentido a lo sagrado, el segundo sustituye la noción de más allá por la de un futuro terrestre (8) .

La Reforma utiliza una especie de analogía con el catolicismo, en el sentido que le da al hombre: “Libres e iguales ante la ley”:“todos los hombres son hijos de Dios”. Con el fin de adherir a la mayor parte de la población a este nuevo orden de cosas. Dejando ver que tales conceptos (libertad e igualdad) caen en el terreno de lo abstracto en un orden social que requiere que unos hombres se apropien del fruto de otros. “La semilla que tu siembres otro la cosechará”.

Decretada la Constitución de 1857, con profundo arraigo liberal, prácticamente cualquier hombre puede aspirar al poder de la nación, es decir, ocupar el lugar de dirección de la nación. Aunque en realidad este acceso es restringido, solo las clases dominantes pueden y deben ocupar tal puesto, sólo los hombres que niegan un pasado, que pretenden construir un futuro inspirado en las naciones liberales democráticas.

Por lo tanto es de igual relevancia, no pasar por alto el periodo porfirista, que responde a un regreso al pasado pues es el heredero del pasado feudal colonial: la propiedad de la tierra se concentra en unas cuantas manos y la clase terrateniente se refuerza. Esto ya nada puede producir, aun con el ropaje del progreso, la ciencia y la legalidad republicana, excepto la rebelión (9).

El periodo profirirsta se refuerza en la filosofía del orden, tan proclamada por Comte, al tiempo que encuentra justificación en el evolucionismo de Darwin, ofreciendo una nueva legitimación de las jerarquías sociales. Sin embargo vemos una vez más, que tal filosofía no respondía a la realidad mexicana, la enmascaraba nuevamente. La nueva filosofía no tenía nada que ofrecer a los pobres; su función consistía en justificar la conciencia de la burguesía europea(10) .

A su manera, nos dice Paz, la Dictadura completa la obra Reformista. Mostró en toda su desnudez a los principios liberales, totalmente inaplicables a la realidad mexicana. Habíamos perdido nuestra filiación histórica. Se había desconfigurado la expresión popular al tiempo que era sometida su vida religiosa.

Ya entrado el siglo XX, la rebelión era la única salida a tal opresión y despojo de tierras campesinas, habrá que señalar que efectivamente el movimiento de la Revolución Mexicana es un movimiento que al igual que la Independencia, se gesta en las bases. Es la expresión de repudio a las reformas liberales, y el afán por construir un orden social más justo basado en la propiedad comunal, antes decretada abolida por los liberales.

Esta forma de propiedad, era en cierto sentido la forma de propiedad natural de los hombres, ya que el trabajo de estas tierras, era ejercido por los propietarios, era un tipo de propiedad diferente a la propiedad privada. La tierra pertenecía a quienes la trabajaban. De hecho uno de los estandartes y consignas de la Revolución, era la que procedía del Sur comandada por Emiliano Zapata: “Tierra y libertad, la tierra pertenece a quienes la trabajan con sus manos”.

Se puede decir, que el movimiento revolucionario fue una lucha por la Tierra, por la vida, por la efectiva libertad de los hombres. Fue una lucha en su sentido más profundo, por volver al pasado, al pasado sagrado: el pasado indígena. Una lucha al mismo tiempo por desenmascarar e instituir una legislación que se ajustara a la realidad mexicana. “El movimiento agrario mexicano exige la restitución de las tierras a través de un requisito legal: los títulos correspondientes”(11) .

La Revolución es una súbita inmersión de México en su propio ser. La explosión revolucionaria es una portentosa fiesta en la que el mexicano, borracho de si mismo, conoce al fin, en abrazo mortal, al otro mexicano (12)

La lucha revolucionaria sentará las bases del Nuevo Estado, sin embargo en los años inmediatos al término de la lucha, entrarán en la esfera gubernamental, en los altos mandos intereses por mucho contrarios a las demandas de la Revolución, aun cuando en la Constitución de 1917, se establece una ley a favor de quienes poseen la Tierra.

No es hasta el periodo de Cárdenas que la revolución se cristaliza. Si embargo esto responde a una lógica: la creación de un escenario industrial, pues las condiciones están dadas para el nacimiento de la burguesía mexicana. Se crean corporaciones y sindicatos que provienen de arriba, que no son producto de una conciencia sindical. Se trata de amoldar mediante la vía pacífica la nueva clase proletaria en México. Y que en apariencia ha de guiar la acción del Estado, pues los líderes de las centrales obreras están implicados en la toma de decisiones a través del partido oficial, Partido de la Revolución Mexicana (PRM). Sin embargo estos líderes se vuelven aliados de las clases dominantes, pues la negociación se da entre las empresas, el Estado, las Centrales y Confederaciones obreras del país. Los sindicatos independientes son en realidad, mal vistos durante este periodo.

En resumen la Revolución efectivamente fue un movimiento social arraigado en la idea de comunidad, pero que al paso de unos años, fue perdiendo vigencia. Pues México y su gente habrían de responder satisfactoriamente al proceso industrializador, enmascarando una vez más a la realidad mexicana, a través de un sistema patriarcal.

Conclusión

La Independencia y la Revolución no pueden ser vistas como procesos iguales, ni debemos caer en las visiones oficialistas, que mitifican los acontecimientos y personajes, poniéndolos a un mismo nivel: el de héroes. Pues la Independencia y posteriormente la Reforma no son una expresión de la cultura popular, como lo es la Revolución; son en realidad la negación de un pasado, de una concepción del mundo verdaderamente universal. Si en todo caso habría que festejar algo sería a la Revolución. Siempre y cuando esa conciencia que invadió a los mexicanos en esa feroz batalla, vuelva a nosotros, a nuestro presente. La verdadera forma de enaltecer tal acontecimiento, consistiría en la intención de volver al pasado viviéndolo en el presente: desenmascarando la realidad que nos invade y que no da oportunidad a la otredad de lo uno.


Carlos Arámburo Muro

CITAS

(1)Antonio Machado.(2)Paz Octavio, El laberinto de la soledad, Fondo de Cultura Económica, México, D.F. 1959, p.29
(3)Ibid. p.91
(4)Ibid. p.95
(5)Ibid. p.109
(6)Ibid. pp.110-111
(7)Ibid. p.113
(8)Ibid. p.115
(9)Ibid. p.118
(10)Ibid. pp.119-120
(11)Ibid.p.129
(12)Ibid.p.134



El laberinto de la soledad

En este libor me parece que Octavio Paz trata de describir algunas de las facetas de mexicano  y a su vez  narra por que el comportamiento del mexicano tanto individualmente como colectivamente y así mismo como es que desafía al mundo  que lo rodea.
Se hace una comparación entre la cultura mexicana y la estadounidense pues dice que la mexicana se presenta como cerrada a comparación de la norteamericana pues la plantea como abierta al exterior.
Otro tema importante que plantea el libro es cuando se habla de las fiestas en donde menciona que para el mexicano son muy importantes sus fiestas y tradiciones ya que en ellas puede expresar tanto felicidad como sus más tristes sentimientos; menciona dos ejemplos uno es el de la muerte y narra como es que en el mes de noviembre miles de mexicanos hacen tributo e incluso muchos de ellos lloran a sus seres queridos ya fallecidos, otro ejemplo que muestra es el de  la independencia pues dice como es que el mexicano olvida por un día sus problemas y se siente orgulloso de haber nacido siendo mexicano.
Me parece que en el libro es como una reflexión en donde se crea la  identidad del mexicano la cual es una historia que comienza de la conquista de los españoles hacia los indígenas y surge de ello el mestizaje es por eso que el mexicano en algún momento no sabe hacia donde voltear entonces decide resguardarse en sus tradiciones y fiestas y sólo se implanta una mascara para poder ocultar su añoranza del pasado.




Montserrat Salvador Nexpanco 

EL LABERINTO DE LA SOLEDAD

SARA BOCANEGRA

SEMINARIO HISTÓRICO

RESEÑA



“EL LABERINTO DE LA SOLEDAD”



AUTOR: OCTAVIO PAZ

Este texto es una serie de ensayos donde el autor reflexiona sobre el mexicano, particularmente su carácter y forma de ser, ubicando nuestro pasado histórico, la Conquista y Colonización, como los factores que marcaron nuestro derrotero como mexicanos. Octavio Paz reflexiona sobre la figura del Pachuco, El Machismo, La Conquista, El Día de Muertos, entre otros temas.

Es necesario decir que es un libro que tiene varias décadas de haberse editado, sin embargo nos hace reflexionar sobre nuestra realidad social. Es una lectura obligada tanto para los científicos sociales como para el público en general, principalmente en estos momentos en que el discurso oficial, a través de sus aparatos ideológicos como Televisa y TV Azteca, nos está bombardeando con eso que llama “el orgullo de ser mexicano” en el contexto de las celebraciones del Bicentenario y Centenario.

Dos ensayos me llamaron de sobre manera la atención, Máscaras Mexicanas y Todos Santos, Día de Muertos, ya que muchas de las reflexiones del poeta son vigentes en el México del siglo XXI. Efectivamente el mexicano utiliza máscaras como un mecanismo de defensa y de protección a su intimidad, es decir, se cierra, pone su caparazón, ello se ha profundizado en el México moderno, ya que en esta sociedad hay una tendencia a que el mexicano es cada vez más individual y solo, “el mexicano puede doblarse, humillarse, agacharse, pero no rajarse, esto es permitir que el mundo exterior penetre en su intimidad” (Paz, 2000: 33).

Además, las reflexiones que hace Paz sobre la mujer en el contexto del machismo me llamaron la atención, evidentemente por mi condición de mujer. En la actualidad si bien la mujer participa más en la economía y en la conducción de los hogares, sigue siendo sometida a los intereses y deseos del hombre, “en un mundo hecho a la imagen de los hombres, la mujer es solo reflejo de la voluntad y querer masculino” (Paz, 2000:39). Esta situación de la mujer la podemos ver día a día en lo cotidiano, seguimos siendo marginadas y apéndices del hombre, incluso un gran porcentaje viven la violencia intrafamiliar.

Sobre el segundo ensayo, habría que decir que Paz retrata fielmente nuestro espíritu pachanguero, sustentado fundamentalmente en nuestra religiosidad. Efectivamente buscamos cualquier pretexto para celebrar, sumando a los calendarios que promueven los monopolios de las televisoras como el absurdo de celebrar el día de la familia, el abuelito y el compadre. Siguen vigentes muchas expresiones de celebrar santos patronos, como en el caso de mi pueblo, donde por lo menos hay 4 celebraciones al año: Cristo Rey, San Juan, Santa Cruz y San Antonio. Sumado a ellas, las familias mexicanas siguen celebrando los XV años de la hija, el bautizo, las cuales finalmente terminan en borracheras y pleitos.

En particular, Paz tiene una lucidez espléndida para reflexionar sobre la celebración de muertos en México, somos una cultura peculiar porque nos reímos de la muerte, pero a la vez le tenemos miedo. Lo que habría que actualizar de estas reflexiones es que entre los mexicanos se está dando el fenómeno de la transculturización, gracias a los medios de comunicación, donde las juventudes celebran el Halloween, víctimas del consumismo y la ideología gringa.

Además de estos ensayos, me resultó interesante el ensayo de Los hijos de la Malinche, ya que Paz reflexiona sobre el lenguaje que nos da identidad como mexicanos, la palabra “la chingada”, al tiempo que es un grito de guerra, tiene varias acepciones en el mexicano, como dice Paz, “los significados son innumerables, se puede ser chingón, un gran chingón, un chinga quedito, un chingoncito, pero la pluralidad de significaciones no impiden que la idea de agresión se presente siempre como significado último”.

Sin lugar a dudas, el Laberinto de la Soledad es un libro que los mexicanos tenemos que leer para reflexionar sobre nosotros mismos, incluso sería conveniente que desde nuestra posición de sociólogos, retomemos el tema para profundizar sobre el carácter del mexicano, parece que no ha sido muy rica la literatura en ese sentido, salvo los casos de Samuel Ramos y Carlos Monsiváis.

Parece que no hay mucho que agregarle a las reflexiones de Paz, sin embargo desde mi punto de vista aportaría algunos comentarios, que pongo en la mesa de debate, sobre dos rasgos del mexicano en la actualidad: somos pasivos políticamente ante la inoperancia de los gobernantes que nos están llevando a la crisis social y económica y somos profundamente individualistas en muchos ámbitos de nuestra vida: familiar, laboral, escolar y de pareja, ya que solamente pensamos en satisfacer nuestros intereses particulares y finalmente no queremos salir de nuestro colchón de confort de bienestar, nos negamos a pertenecer a la cultura del esfuerzo.

EL LABERINTO DE LA SOLEDAD


En esta obra se buscan los orígenes y las causas del comportamiento del mexicano individual y colectivamente, y su forma de afrontar lo que pasa en el mundo; es una búsqueda que termina en el inconsciente, como origen y causa de la conducta del mexicano.

En esta reflexión sobre el pueblo mexicano, se quitan las mascaras del país y muestra a individuos que viven entre sombras como el llamado “Pachuco”, por la influencia que se tiene de los Estados Unidos entonces adopta esa identidad.

También es una reelección en que el mexicano grita y festeja, pues como es bien sabido, en México las tradiciones son sagradas, hay una celebracion por todo, inclusive cada vez hay mas cosas que se pueden celebrar (como el día del taco), es una forma de expresar un poco los sentimientos. De igual forma con el amor que se ve por todas partes y existe un derroche que dura muy poco y siempre se debe volver a la realidad, pues esto es solo una máscara en la cual se esconde el mexicano, se separa, se aleja, del mundo y de los demás pero también se aleja de sí mismo y de su propia identidad.

El ensayo también nos narra como la conquista influye en el mexicano pues muchos tienen un sentimiento que no vale mucho al ser un pueblo conquistado y se puede ver en frases que utiliza por ejemplo el macho mexicano, que con su lenguaje quiere parecer superior a todos pero es al contrario, solo demuestra inseguridad. Con ello Octavio Paz nos hace reflexionar sobre toda esta historia acerca de México, que podemos encontrar a lo largo de nuestra vida.

La religión juega un papel muy importante, pues en ella se descubre la verdadera raíz del pensamiento del mexicano, como se mencionaba antes, somos un país de costumbres y tradiciones, en donde la base es la religiosidad, la necesidad que se tiene de creer en algo.

Sin embargo también se ve un cambio en la sociedad y este apareció con la Revolución mexicana, que nos mostró que el pasado ya no existía y que no se podía seguir viviendo de una ilusión, también se narra la terrible escena de 1968 en Tlateloco y así entre sucesos históricos y una cultura que muere poco a poco nos muestra a individuos aislados, siempre con ese falto de identidad.


ESCOBAR REYES ZAIRA PATRICIA